El mundo le llama felicidad, es el motor que lleva al ser humano a pelear por lo que cree le llenará. La mayoría lo intenta encontrar en el dinero, otros muchos en la salud; y hay otros que pretenden llenar su vacio con la búsqueda de la media naranja.
Otros más espirituales le buscan en atraer lo positivo al programar su mente, lo cual los convierte en receptores de lo que se considera bueno, no obstante jamás se sacian. Hay otros que le llaman mantenerse en buenas vibras, algunos lo buscan despejando su mente y meditando en la nada o el todo, como le prefieran llamar. Existen otros que tratan de encontrarlo en la naturaleza, y si bien es cierto que la naturaleza incansablemente adora al Creador, no exista algo como “madre naturaleza”, sino el Padre dador de vida, el Todopoderoso.
Jesús nos dejó escrito el secreto de la felicidad y lo que debe ser nuestra razón de vivir:
“— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra — les dijo Jesús —” Juan 4:34 (Nueva Versión Internacional).
“— Yo soy el pan de vida — declaró Jesús —. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.” Juan 6: 35 (Nueva Versión Internacional).
Por muy difícil que en ocasiones parezca escuchar para algunos, lo único que da felicidad es hacer la voluntad de Dios y cumplir el propósito por el cual nos ha creado. Y lo único que realmente saciará un alma es Jesús, pues toda alma está sedienta y hambrienta de ser saciada con la frescura liberadora de la sangre de Cristo.
Si estás cansado de perseguir distintas razones de vivir que no te han saciado, haz de Jesús tu razón de vivir. Él es la plenitud.
Richy Esparza www.devocionalesderichy.com